Un fragmento que me parece brillante por parte del autor John Berger en su ensayo en respuesta a Sontag, es la comparación entre memoria y películas, porque yo también me he preguntado ¿pueden interpretarse nuestras memorias como mini filmes en nuestros cerebros?
En su momento para una persona como yo, en la satisfacción de mi ignorancia, me parecía que una explicación lógica del complejo sistema de almacenamiento en mi cabeza podría resumirse en una estantería llena de películas en donde se permite dar play a la que deseemos hasta haber rayado demasiado el «dvd» que la contiene.
Considero que un ejemplo bastante textual de la memoria interpretada de esta manera se puede encontrar en la serie original de Netflix, Black Mirror, en el tercer episodio de la primera temporada, titulado «The Entire History of You», en el que se observa un futuro donde la humanidad tiene acceso a implantes de memoria que permite que graben todo lo que experimentan en su día a día.
La comparación película/memoria nada nos enseña sobre la segunda. Lo que aprendemos es cuán extraño ha sido el proceso de obtención de cada fotografía. No obstante, a diferencia de la memoria, las fotografías no conservan en sí mismas significado alguno. Ofrecen unas apariencias —con toda la credibilidad y gravedad que normalmente les prestamos— privadas de su significado.
John Berger, Usos de la fotografía, 1978.
Berger acierta al suponer que la memoria es un acto de redención. Lo que se recuerda ha sido «salvado de la nada», en contrario lo que se olvida ha quedado abandonado.