La mochila infinita.

Cuando a Sofía le ordenaron quedarse en casa hasta nuevo aviso, no encontró motivo por el qué protestar, nunca en sus 11 años de vida tuvo tiempo extra para ver televisión y la compañía de su mamá en casa todo el día. Parecía haberse ganado la lotería.

Claro, eso pensaba durante los primeros cuatro días. En el quinto, extrañó a su amiga Amy del salón. En el sexto se preguntó por qué algunas personas aún salían sin máscaras de protección, su madre le explicó que seguramente se habían «caído de la cuna de chiquitos», expresión que no entendió hasta buscarla en Google. En el séptimo día simplemente se le antojó demasiado ir al parque central como todos los domingos.

Así recurrieron los meses, y Sofía ahora se encontraba pasando las horas leyendo en el pasillo afuera de su apartamento, mientras su madre dormía la siesta en su habitación.

– Es como si hubiéramos presionado pausa en la vida- se dice a si misma la pequeña.

-¿Quieres aprender a darle play de nuevo? – dice una suave voz, proveniente del apartamento siguiente.

Sofía reconoció la voz inmediatamente, se trataba de su vecina, Esperanza, una dulce abuelita que solía pasar las tardes de té con la niña y su madre, quien había salido de su casa para regar las plantas de su puerta. Muchas veces Sofía cuestionó la razón por la cual la señora vivía sola, y considerando que su única compañía eran 2 felinos negros, sólo pudo llegar a la conclusión de que era alguna clase de bruja, pero de las buenas, no de las que hablan los libros que su mamá le lee antes de dormir.

– ¿Tiene usted un control remoto mágico que me permita devolver todo a la normalidad? – pregunta la niña con entusiasmo – ¡Eso estaría genial! ¡Es justo lo que necesito!

– No, pequeña – responde la anciana entre risas – Pero si tengo un regalito muy especial que podría ayudarte a tí y a toda la ciudad.

Sofía se quedó callada, mientras la abuelita entró por un momento a su apartamento en busca de algo. Antes de que pudiera escanear el apartamento de la vecina desde afuera por pistas acerca del objeto en cuestión, Esperanza sacó de un baúl una mochila común y corriente, igual a las que Sofía y sus amigas llevaban al instituto.

– Es sólo una mochila ¿qué tiene de especial entonces? – cuestiona Sofía con una expresión intrigante, que nuevamente ocasiona que la abuelita suelte una suave carcajada.

– ¿Así lo parece, no es cierto? Pero no debes juzgar a un libro por su portada, pues este bolso lo hice yo misma. Y contiene cosas que todos necesitamos ahora mismo- contesta Esperanza mientras ofrece la mochila para que Sofía la tome en sus manos.

Curiosa por naturaleza, la niña inmediatamente inspeccionó la mochila por todos lados – No encuentro nada inusual – dice mientras busca alguna particularidad alrededor – hasta que retira la solapa de la mochila para descubrir múltiples botellas de jabón antibacterial, barbijos y recipientes de alcohol en gel. Con la mano, trato de buscar el fondo de la mochila, y para su sorpresa, no encontró donde terminaba la bolsa, sólo más y más de los mismos objetos de los que hablaba Esperanza.

– ¡No tiene fondo! ¡Es una mochila mágica! ¿Es usted una bruja? ¡Siempre supe que usted tenía poderes! ¿Cómo hizo esto?

La abuelita simplemente mantuvo su sonrisa y sacando uno de cada clase de objetos que contenía la mochila, explicó a Sofía:

– Así es, es un bolso mágico, capaz de llevar todos los objetos que necesites a donde tú quieras. Por esta razón, tengo una misión para tí.

– ¿Quiere que me convierta en su aprendiz? No sé nada de magia y cuando cocino quemo hasta el arroz – responde Sofía con pena.

-Tranquila, tu tarea es más importante y noble que cocinar cualquier cosa. Escúchame – dice mientras la niña presta mucha atención – Estos meses han sido difíciles para todos ¿no es cierto?

Sofía responde asentando la cabeza tristemente.

-Pues verás, estamos en el comienzo de una nueva era, las autoridades ya lo indicaron: logramos superar la etapa más difícil. A partir de la próxima semana podremos volver a salir y encontrarnos, pero lamentablemente, debido a mi edad y mi condición, yo debo quedarme a salvo en mi casa, pues aún soy muy vulnerable. Pero tú, Sofía, tienes la oportunidad de ayudar a la ciudad. Cuando salgas, lleva la mochila, procura repartir los objetos que contiene a todas las personas que lo necesiten, te prometo que no se acabarán nunca, ya me encargué de eso.

Sofía se quedó callada por un momento, las palabras de Esperanza danzando en su cabeza, mientras se preguntaba ¿seré capaz de ayudar a tantas personas? Soy sólo una niña después de todo.

-Sé que podrás hacerlo – responde la anciana, como si hubiera leído la mente de la pequeña – Eres una niña saludable y de buen corazón, confío en que harás un gran trabajo. Más que mi aprendiz, ¡serás como una superheroína!

Al escuchar esas palabras, los ánimos de la niña revivieron. Con gran alegría guardó los objetos en la mochila, cerró la misma y la puso detrás de su espalda.

– ¡Entonces no la defraudaré! Prometo ayudar a la ciudad con todo mi esfuerzo, gracias por confiar en mí – responde entusiasta.

– Gracias a tí por tu bondad. Me siento muy orgullosa. Ahora, si me permites, debo alimentar a mis mininos, buena suerte.

La niña sonrió para despedirse y regresó a su casa, esperando con ansias el inicio de la próxima semana para cumplir con la misión de Esperanza.

Llegado el día tan esperado, Sofía salió inspirada y lista para ayudar. En poco tiempo lorgó volverse popular entre la comunidad, quienes la apodaron como la «niña estrella de la mochila», que acudía a todos los centros de salud para repartir los insumos a los que más lo necesitan, transmitiendo un mensaje de esperanza que conmovió a toda la ciudad.

Comenzar de nuevo nunca es fácil, pero con las medidas de seguridad correctas, la responsable población logró volver a la normalidad en sólo semanas, unidos en solidaridad.

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