Soy – Cuento de las 5W

El reloj marca las seis de la mañana, mientras los rayos del sol dan luz a una nueva jornada. Se marca el inicio de la semana, ¡pero qué emoción! ¿qué me pondré hoy día?

Al levantarme siento el cálido abrazo del verano recorriendo mi cuerpo, hoy será un día increíble. En frente del espejo, espero con ansias la respuesta: ¿quién seré hoy día? Es muy posible que haya olvidado tomar la dosis diaria, pues no tengo memoria de la noche anterior. Tal vez así me tocó ser hoy día.

Hacer mi recorrido de la mañana es mi parte favorita, me siento como un niño en una búsqueda del tesoro y cada objeto nuevo que encuentro es una guía que me ayuda a descifrarme.

Un maletín, zapatos de vestir y un whisky a medio terminar en la mesa de café. ¡Genial! debo ser uno de esos hombres de negocios súper importantes, al fin seré visto. Ya no más miradas desdeñosas acompañadas de susurros a mis espadas. Seré uno de los demás.

Abotono mi camisa, me pongo el calzado y hacia afuera me dirijo, a tomar el bus indicado. Ya adentro, recibo las preciadas miradas que tanto ansiaba, pero no tienen el dulce toque de cariño que esperaba. Escucho dos chicas susurrar detrás de mí, soltando risitas burlonas. ¿Será por la combinación de camisa y pantalón que elegí? la verdad que la moda nunca fue mi fuerte.

Ya llegando a mi destino, la ansiedad apodera mi ser, el revoltijo de mariposas en mi estómago me impulsa a apurar el paso, seguro que mis amigos están esperándome pacientemente. El bus se detiene en frente de un alto edificio blanco, parece que se perdiera entre las nubes hasta alcanzar el mismo cielo. Atravieso las gigantescas puertas de la entrada, me siento en un mundo nuevo.

Las personas entran y salen como en un hormiguero, el ambiente es bastante atareado, ¿por qué nadie voltea a verse los rostros? Al parecer el resto de nosotros no son más que obstáculos que deben apartar para llegar a su meta.

¡Hey! Veo a alguien vestido igual que yo, lo seguiré y nos haremos amigos. Me dirige a una caseta mágica, donde con un grupo de aventureros, apreta un par de botones que nos elevan a lo más alto del edificio hasta llegar a la cima de todo.

Llego a un espacio muy hostil, todos empiezan a mirarme con disgusto, me siento diminuto de nuevo. Dos hombres fornidos se me acercan rápidamente, me toman de los brazos en contra de mi voluntad mientras grito a todo pulmón – ¡Déjenme ir! ¡soy uno de ustedes! – fue lo último que dije cuando el mundo se tornó gris y oscuro. Todo era silencio.

No sé en qué momento perdí el conocimiento. Al parecer ya es de noche. Estoy en un pasillo oscuro, me rodea un olor putrefacto. No recuerdo que mi traje fuera rojo.

Trato de hacer memoria, pero, ¡diablos! seguro me perdí de nuevo, ¿algún día dejaré de ser tan despistado? Todo por andar haciendo travesuras. ¡Hey! Puedo ver una acogedora casa a la distancia, y casualmente la puerta está abierta, este debe de ser mi hogar.

Creo que llegó el momento de descansar. No puedo esperar para ver quién seré mañana.

Imagen: William Castle, The Night Walker (1964)

Deja un comentario