Tomás el castor se despertó en una cálida mañana de verano, salió de su madriguera listo para iniciar un nuevo día, cuando de repente se encuentra con su represa destrozada, y junto a ella un hallazgo espeluznante ¡un monstruo se apoderó de su hogar!
Bueno, eso le pareció al principio. Cuando logró verlo bien se percató de que se trataba de una nube de color verde bosque, la cual poseía una diadema muy llamativa encima de su cabeza. Este extraño fenómeno flotaba por encima de las aguas cristalinas del río en el que habitaba.
Por un breve segundo, a Tomás le pareció estar viendo a una monarca, debido al peculiar aspecto de la nube en cuestión. Esta le miraba con una expresión amenazadora, cuando de repente rompe el silencio y le dice:¡He venido a destruirte! – exclama con impetuosidad – Me llamo COVID, pero mis amigos me dicen Corona, soy la reina destructora de madrigueras y hoy te tocará la misma suerte que a tus compañeros castores de los ríos anteriores. ¡Ríndete o sufrirás las consecuencias!
Al escuchar estas palabras, Tomás se sintió muy nervioso, tenía mucho miedo de perder la casa que le había tomado tanto trabajo construir, y siguiendo sus instintos, trató de enfrentar cara a cara a Corona con un palo de madera que encontró a orillas del río. Sacudiéndolo frenéticamente para ahuyentar a la malvada nube, pero esta no se iba, más bien, tomaba más y más cuerpo. Luego, acercándose más, intentó derribarla lanzándole múltiples piedras.
Cuando se percató de su error, ya era muy tarde, al ver los esfuerzos en vano del castor, Corona soltó una sonora carcajada mientras aumentaba más y más su tamaño.¡Es inútil! ¿Qué no lo ves? Nadie ha sido capaz de vencerme, ustedes los castores son muy tontos, así que merecen ser aniquilados.
Fue entonces cuando Tomás se dio cuenta, al encontrarse frente a frente con la nube, que mientras más se acercaba a Corona, esta aumentaba más de tamaño. Decide alejarse rápidamente hasta encontrarse nuevamente detrás de la puerta de su casa.
¡No eres más que una simple princesa! Te alimentas de la atención y el miedo que provocan tus amenazas. Yo soy el que te da brazos para atacarme si me mantengo luchando frente a ti. Me aseguraré de eliminarte y que no vuelvas a hacer daño al resto de mis compañeros castores – Exclamó Tomás para luego adentrarse a su madriguera a pesar de los irritantes reclamos de Corona.
Así fue como el castor decidió aislar a la reina desde la comodidad de su propio hogar, tomando las debidas precauciones de higiene para que la fétida neblina causada por la nube no se penetre en su madriguera.
Tomás la pasó tan bien en su casa que no se percató del tiempo, podrían haber pasado 2 horas o 2 días, pero cuando salió nuevamente el sol, no había rastro de Corona, sólo había paz, serenidad y muchas represas más por construir.
Moraleja: La lucha más valiente de todas no requiere de armas, si no de colaboración, empatía y solidaridad entre la comunidad. ¡Quédate en casa y cuida mucho tu higiene!